Portada de Los Apóstoles

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Para empezar deberíamos hacer un breve apunte y establecer las diferencias entre fachada y portada: llamamos fachada a toda la cara exterior de un edificio (por ejemplo el imafronte) y portada al conjunto de los elementos arquitectónicos y decorativos que conforman la puerta. 

La Catedral de Santa María de Murcia cuenta con cuatro accesos, de los que tres son públicos y monumentales, y uno que podríamos denominar de servicio, el cual se encuentra junto a la entrada a la Torre y que se conoce como Puerta del Pozo. La historia, o el azar, como queramos, han propiciado que los tres públicos se construyeran escalonadamente y sean así de tres estilos arquitectónicos diferentes; gótica la portada de Los Apóstoles, de estilo renacentista la de La Cruz y barroco el grandioso imafronte.

La portada de Los Apóstoles es la más antigua de la Catedral ya que podemos fecharla en 1466 y atribuirla a Diego Sánchez de Almazán, maestro de obras en aquel momento, gracias al documento conservado en el archivo catedralicio en el que se habla de “la paret del portal para la obra nueva de dicha iglesia”. Es una portada de estilo gótico, estructurada a partir de un arco apuntado con arquivoltas y conopial en su trasdós (parte exterior del arco), que se enmarca en dos esbeltos pináculos a la manera de los alfices islámicos, con fondo de tracerías flamígeras y rematado en una cruz de cardinas. Domina la portada el gran rosetón, único de toda la Catedral. 

El programa iconográfico se compone de reyes de Judá, profetas y un coro de ángeles músicos en las arquivoltas y de los Apóstoles Pedro, Santiago, Andrés y Pablo junto a la puerta bajo doseletes, de quienes toma el nombre. Hasta el S.XVIII la portada de Los Apóstoles contaba con un parteluz (columna que divide el arco en dos) pero fue eliminado cuando se se decide colocar en la clave el escudo de la reina Isabel II en honor a su generosidad tras el grave incendio que sufrió el templo de 1854.

Etiquetas: catedral arquitectura

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Murcia me gusta. Ciudad clara de colores calientes, de piedras tostadas, color de cacahuete tostado. Y notas deliciosas de luz, las calles estrechas y sin aceras, las “veredicas del cielo”, las tiendas de los artesanos, el esparto y la cuerda. Y ahora en el crepúsculo, una luz maravillosa.

Jorge Guillen

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