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Y, después, San Juan. Ha brotado de la misma mañana de Murcia como un lirio. Ahí está en la puerta del Templo con ojos como que van buscando algo, por eso yo le pregunto:

¿Dónde vas, como asombrado,
tan de mañana, San Juan?
¿Qué buscan tus bellos ojos,
qué buscan, buscando van,
que parece que quisieras
ser ave…?

Una de las imágenes con más devoción de toda la Semana Santa de Murcia es, sin duda, la impresionante talla del Cristo de la Sangre. Realizada por el escultor de origen francés Nicolás de Bussy en el año 1693. Jesús crucificado, camina sobre el lagar para redimir con su "Sangre" todos nuestros pecados.

Este hermoso poema, tributo a los nazarenos murcianos, fue escrito por D. José Frutos Baeza, y publicado en el diario el Liberal de Murcia, el día 12 de abril de 1906, festividad de Jueves Santo.

Morada, azul, o bermeja,
porque el color no hace al caso,
rompa o no, burle o acate
el canon indumentario,
ello es que no hay en el mundo
sayal de más rumbo y garbo
que la amplia túnica airosa 
del nazareno murciano.
 
Recogida a la cintura
en pliegues abullonados
que oprime a modo de cíngulo
el borlado cordón blanco,
parece ropilla a usanza
medioeval, con algo arábigo
en el encaje de espuma
ligero y acicalado.

En los albores del siglo XVII, en la ciudad de Murcia, y a petición de Fray Alonso de Salcedo, prior de la orden de San Agustín, transmite la inquietud de algunos fieles por fundar una cofradía de culto. Así, el segundo día del mes de agosto de 1600 tras un Decreto Fundacional del Obispo de la Diócesis, Don Juan de Zúñiga, quedaron redactadas y aprobadas las primeras constituciones de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

En una ermita llamada del Calvario que formaba parte de un Vía Crucis construido por la Orden Franciscana, en el lugar conocido como las Cuatro Piedras junto al paseo del Malecón, se encontraba un hermoso Cristo de dulce gesto. Y así fue hasta que llegado el año de 1896, unos intrépidos nazarenos, capitaneados por el párroco de San Antolín, D. Pedro González Adalid, soñaron con recuperar el hueco que aquella otra cofradía, la de la Hermandad del Prendimiento, había dejado en el castizo barrio de San Antolín tras la Constitución de 1812.

Fue en 1756 cuando Francisco Salzillo Alcaraz, hombre de fe además de sublime escultor, volvió a realizar un "milagro". La Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, había decidido entonces reemplazar la imagen de La Soledad, que desde el año 1601, procesionaba en Murcia cada Viernes Santo.

El periodo de renovación emprendido por la Cofradía de Jesús a mediados del siglo XVIII, tuvo su reflejo una vez más en el encargo a Salzillo en el año 1753 del grupo o insignia de la Oración del Huerto.

Desde el próximo 25 de febrero de 2017 la Semana Santa de Murcia contará con una nueva "procesión". Nos referimos al nacimiento de una publicación de carácter cofrade. Es un gran honor para LovingMurcia formar parte de este proyecto que ayudará, en la medida de lo posible, a divulgar a través del papel couché una Semana Santa única.

Según figura en algunos documentos esta imagen, atribuida a Nicolás Salzillo, ya existía en el año 1725 recibiendo culto entonces en el Oratorio privado de la Sacristía de Iglesia de La Merced de Murcia. Debió de ejecutarse la talla, muy probablemente, entre los años de 1713 y 1720, fechas en que se llevó a cabo la restauración de esta iglesia, fachada principal, altares y retablos.

El próximo jueves 26 de abril tendrá lugar la primera tertulia nazarena organizada por la revista La Procesión.

Existen en la Semana Santa de Murcia, desde tiempos ancestrales, unos sonidos característicos y genuinos que emanan de tambores sordos y enormes bocinas que por su desproporciando tamaño se apoyan sobre ruedas. Son conocidos como “toques de burla” o “convocatoria”. 

Murcia sigue penitente
el sendero pasionario,
Viernes Santo mañanero
en ascensión al Calvario.
 
Se van abriendo los cielos
por las saetas y salmos.
Entre claveles y cirios
pasa Cristo condenado,
cargado con el madero
hecho por nuestros pecados.

Murcia me gusta. Ciudad clara de colores calientes, de piedras tostadas, color de cacahuete tostado. Y notas deliciosas de luz, las calles estrechas y sin aceras, las “veredicas del cielo”, las tiendas de los artesanos, el esparto y la cuerda. Y ahora en el crepúsculo, una luz maravillosa.

Jorge Guillen

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